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viernes, 5 de diciembre de 2014
Consideraciones éticas
jueves, 4 de diciembre de 2014
100 años de psicoterapia
La forma tradicional de presentar y evaluar los diferentes enfoques psicoterapéuticos se ha centrado en sus aspectos formales y teóricos.
Los principales modelos psicoterapéuticos podrían contemplarse desde la perspectiva de tres corrientes culturales principales de las que serían a la vez el reflejo y un elemento contribuyente.
Las terapias humanistas se insertan en una visión trascendente, e incluso a veces cuasi-religiosa de la persona.
La mente humana se concibe como el escenario de luchas sin tregua entre fuerzas opuestas, y el drama de la vida psíquica adquiere tonalidades dantescas, independientes en último término de la realidad externa. Los conceptos psicoanalíticos acaban por apartarse tanto del sentido común que en ocasiones resulta difícil para el no-iniciado ver la conexión entre teoría y experiencia cotidiana.
Los modelos modernistas o racionalistas implican un cambio radical respecto a los románticos. La sensación de inutilidad pragmática y empírica generada en ciertos ámbitos por el énfasis psicoanalítico en lo intrapsíquico dio lugar históricamente a un interés en una refundación de la psicología y psicoterapia.
Posmodernidad hace referencia a las condiciones sociales e históricas de la etapa postmoderna; el segundo, pormodernismo, a las expresiones culturales en la etapa posmoderna; y el tercero pensamiento posmoderno, al discurso filosófico y científico de dicha etapa.
La posmodernidad abandona la búsqueda ilustrada de una Verdad sobre que erigir sistemas de creencias incuestionables. El relativismo implícito en el abandono posmoderno de los ideales de la ilustración se han equiparado a la incredulidad. La posmodernidad no constituye un periodo histórico concreto, ni una tendencia con características bien definidas; se trata más bien de na condición una conciencia cada vez más extendida y generalizada de desencanto ante nociones como razón, historia, progreso y emancipación que durante la ilustración habían dirigido firmemente a la humanidad hacia un fin.
La partícula post significa después. Esto nos puede llevar a pensar en una temporalización histórica, un después de la modernidad en el sentido más lineal. Nuestro sentido familiar self llega a estar tan superpoblado de roles sociales que se llega inevitablemente a un estado de fragmentación
El self compacto, capaz de descubrir las verdades a las del solido self de la modernidad. El self compacto, capaz de descubrir las verdades del mundo a través de la razón y gracias a la aplicación del método científico, que tiene como máximo defensor a Descartes con su “pienso luego existo”, queda diluido y constituido en la posmodernidad por un conjunto de roles en constante construcción y reconstrucción, en un “me comunico luego existo”
La legitimación devuelve la esperanza en la recuperación del sujeto, que la modernidad había olvidado en favor de la razón. La crítica a la legitimación es fundamental en la cultura posmoderna. Con la pérdida de los sistemas generales de legitimación, los grandes meta-relatos que justificaban y contenían en ellos mismos un poder legitimizante, universal y necesario. El relativismo posmoderno conduce directamente a poner en primer plano la ética de la acción y del discurso, Tras la expulsión del paraíso epistemológico de la modernidad, el ser humano se enfrenta a l necesidad de justifica sus acciones en sus propios términos, y no mediante el recurso a sus sistemas supuestamente trascendentes.
El relativismo radical acaba llevando a la desvinculación y a una especie de parálisis epistémica, dado que toda afirmación o pretensión de conocimiento se considera auto-contradictoria. Una psicoterapia posmoderna pudiera llegar a configurar un porvenir ilusorio, una práctica imposible o, peor aún, una forma de control social e ideológico.
La ausencia de fundamentos se refiere a la noción de que los seres humanos no tenemos acceso directo a la realidad, sino sólo a los productos de nuestras construcciones. El conocimiento humano es inevitablemente especulativo, dado que carecemos de fundamento epistemológico en el que basarlo. La fragmentariedad se refiere al énfasis posmoderno en lo local y situado, en lugar de en lo general y totalizador. El constructivismo está ligado a la ausencia de fundamentos y se refiere a la noción de que el conocimiento humano no es un reflejo de la realidad, sino una construcción erigida a partir de los procesos cognitivos, emocionales y corporales de interacción con el mundo.
El paso de una concepción del conocimiento y la verdad moderna a otra posmoderna lleva a una reevaluación del papel de la investigación en psicoterapia. La investigación no se ve como el descubrimiento de una realidad objetiva, sino como una co-construcción interactiva del tema investigado.
Consejería filosófica
La filosofía como arte de vivir
“De qué me sirve la geometría para dividir el campo si no sé compartirlo con mi hermano." (Séneca)
Hace más de dos mil años Epicuro afirmó que los argumentos de la filosofía son vacuos si no mitigan ningún sufrimiento humano. La filosofía no siempre consistió en el postulado de teorías abstractas ni en la exégesis de textos, sino en el cultivo de un arte de vivir asociado a los problemas más inmediatos de la vida cotidiana. Sócrates y sus discípulos se sorprendían de que las personas miren una y otra vez los objetos materiales que compran, mientras examinan tan poco sus vidas.
En contraste con esta perspectiva y por efecto del paradigma científico, en los últimos siglos la filosofía devino una disciplina exclusivamente académica, hiperespecializada y tributaria de un culto fetichista a la personalidad. Mientras cualquier esoterismo teórico goza de antemano de los atributos de seriedad y relevancia científica, lo que atañe a la vida cotidiana despierta rápidamente la sospecha de banalidad. En el mundo moderno el filósofo por lo general ha cultivado un lenguaje abstruso y oscuro que desvinculó a la filosofía de la sociedad y ganó el favor de quienes adoran venerar lo que no comprenden. El filósofo huye de la vulgaridad pero escribe en un jeringozo inextricable. Todo lo que no encaje en esa matriz de espinas corresponderá a "simplificaciones abusivas" propias de fast-thinkers. El resultado de esto es que buena parte de las personas creen que la filosofía es demasiado abstracta e inútil para no languidecer, carente de vida.
En los últimos años ha comenzado a tomar cuerpo en distintas partes del mundo una corriente vinculada con la filosofía práctica que busca devolver el conocimiento filosófico al espacio público, estableciendo un canal que le permita salir de la cerrazón en que lo mantiene la academia para contribuir de diversas maneras al bienestar social y personal.
viernes, 21 de noviembre de 2014
Terapias postmodernas
A partir del último cuarto del siglo XX han surgido nuevas formas de pensar en la psicoterapia que cuestionan muchos de los supuestos en los que se ha basado esta disciplina a través de su historia. Este cuestionamiento ha resultado en el desa- rrollo de prácticas terapéuticas que han recibido diferentes nombres: terapias «pos- modernas», «narrativas», «discursivas», «postestructuralistas», «colaborativas» y «socioconstruccionistas». Cada uno de estos términos subraya algún aspecto importante de estos abordajes.
En este artículo se discuten tres escuelas o terapias posmodernas: la Terapia Colaborativa (Anderson y Goolishian), la Terapia Narrativa (White y Epston) y la Terapia Centrada en Soluciones (De Shazer y Kim-Berg)1 aunque, como menciona Anderson (2003a), hay muchos otros profesionales cuyo trabajo se puede conside- rar parte de esta corriente. Entre ellos, Tom Andersen, Lynn Hoffman, Peggy Penn, Lois Shawver y Jaakko Seikkula.
La Terapia Colaborativa, la Terapia Centrada en Soluciones y la Terapia Narrativa tienen características particulares y estilos de trabajo específicos de cada una. Existen diferencias importantes entre ellas, pero frecuentemente se agrupan porque com- parten algunas premisas básicas sobre el lenguaje, el conocimiento, los problemas, las relaciones interpersonales y la identidad (Paré y Tarragona, en prensa; Anderson, 2006, Anderson, 2003b).
jueves, 13 de noviembre de 2014
Psicoanalisis
El Psicoanálisis es un método de observación e investigación de la mente humana, que trata de comprender y explicar su funcionamiento con la finalidad de conseguir unos objetivos terapéuticos para el paciente. Por lo tanto, es también un método terapéutico para abordar con el paciente sus conflictos y tratar sus dificultades. Como resultado de estas observaciones y esta técnica, ha sido posible desarrollar una teoría psicológica de la conducta y de la mente humana.
Aunque fue iniciado por Sigmund Freud hace más de cien años, el método ha ido evolucionando de forma considerable desde su inicio a través de sus seguidores.
El método consiste en generar unas condiciones de trabajo estables para el paciente y el psicoanalista. Ambos se encuentran en sesiones de cuarenta y cinco a cincuenta minutos varias veces a la semana (4 o 5, en algunos casos 3) durante unos años, ya que la comprensión de los procesos inconscientes y del origen de los problemas de la persona y los cambios internos requieren un trabajo largo y laborioso.
La teoría psicoanalítica sugiere que no sólo los factores constitucionales y genéticos constituyen la personalidad y sus desequilibrios. También existen otras influencias importantes, como la experiencia del nacimiento, las tempranas relaciones con los padres, la sexualidad, las pérdidas, los miedos y la manera de vivir la ansiedad. Estas experiencias cruciales, vividas en el núcleo familiar, van estableciendo determinadas pautas de sentimientos, fantasías y relaciones inconscientes e interpersonales, que se encuentran en la raíz de los problemas por los cuales la persona busca ayuda.
Actualmente contamos con la evidencia de estudios empíricos que avalan la validez del tratamiento psicoanalítico.
Además de la práctica psicoanalítica, gran parte de los psicoanalistas aplican también su formación en psicoterapias de orientación psicoanalítica, psicoterapias breves, tratamientos de grupos y de familia, y en ámbitos diversos: medicina, psiquiatría, psicología clínica, educación, docencia universitaria, ciencias sociales y de la cultura, etc. En estas tareas, fuera del encuadre estrictamente psicoanalítico, se favorece el trabajo interdisciplinario, facilitando y estimulando el intercambio de pensamientos y experiencias.
