jueves, 4 de diciembre de 2014

100 años de psicoterapia

La forma tradicional de presentar y evaluar los diferentes enfoques psicoterapéuticos se ha centrado en sus aspectos formales y teóricos.
Los principales modelos psicoterapéuticos podrían contemplarse desde la perspectiva de tres corrientes culturales principales de las que serían a la vez el reflejo y un elemento contribuyente.
Las terapias humanistas se insertan en una visión trascendente, e incluso a veces cuasi-religiosa de la persona.
La mente humana se concibe como el escenario de luchas sin tregua entre fuerzas opuestas, y el drama de la vida psíquica adquiere tonalidades dantescas, independientes en último término de la realidad externa. Los conceptos psicoanalíticos acaban por apartarse tanto del sentido común que en ocasiones resulta difícil para el no-iniciado ver la conexión entre teoría y experiencia cotidiana.
Los modelos modernistas o racionalistas implican un cambio radical respecto a los románticos. La sensación de inutilidad pragmática y empírica  generada en ciertos ámbitos por el énfasis psicoanalítico en lo intrapsíquico dio lugar históricamente a un interés en una refundación de la psicología y psicoterapia.
Posmodernidad hace referencia a las condiciones sociales e históricas de la etapa postmoderna; el segundo, pormodernismo, a las expresiones culturales en la etapa posmoderna; y el tercero pensamiento posmoderno, al discurso filosófico y científico de dicha etapa.
La posmodernidad abandona la búsqueda ilustrada de una Verdad sobre que erigir sistemas de creencias incuestionables. El relativismo implícito en el abandono posmoderno de los ideales de la ilustración se han equiparado a la incredulidad. La posmodernidad no constituye un periodo histórico concreto, ni una tendencia con características bien definidas; se trata más bien de na condición una conciencia cada vez más extendida y generalizada de desencanto ante nociones como razón, historia, progreso y emancipación que durante la ilustración habían dirigido firmemente a la humanidad hacia un fin.
La partícula post significa después. Esto nos puede llevar a pensar en una temporalización histórica, un después de la modernidad en el sentido más lineal. Nuestro sentido familiar self llega a estar tan superpoblado de roles sociales que se llega inevitablemente a un estado de fragmentación 
El self compacto, capaz de descubrir las verdades a las del solido self de la modernidad. El self compacto, capaz de descubrir las verdades del mundo a través de la razón y gracias a la aplicación del método científico, que tiene como máximo defensor a Descartes con su “pienso luego existo”, queda diluido y constituido en la posmodernidad por un conjunto de roles en constante construcción y reconstrucción, en un “me comunico luego existo”
La legitimación devuelve la esperanza en la recuperación del sujeto, que la modernidad había olvidado en favor de la razón. La crítica a la legitimación es fundamental en la cultura posmoderna. Con la pérdida de los sistemas generales de legitimación, los grandes meta-relatos que justificaban y contenían en ellos mismos un poder legitimizante, universal y necesario.  El relativismo posmoderno conduce directamente a poner en primer plano la ética de la acción y del discurso, Tras la expulsión del paraíso epistemológico de la modernidad, el ser humano se enfrenta a l necesidad de justifica sus acciones en sus propios términos, y no mediante el recurso a sus sistemas supuestamente trascendentes.
El relativismo radical acaba llevando a la desvinculación y a una especie de parálisis epistémica, dado que toda afirmación o pretensión de conocimiento se considera auto-contradictoria. Una psicoterapia posmoderna pudiera llegar a configurar un porvenir ilusorio, una práctica imposible o, peor aún, una forma de control social e ideológico. 
La ausencia de fundamentos se refiere a la noción de que los seres humanos no tenemos acceso directo a la realidad, sino sólo  a los productos de nuestras construcciones. El conocimiento humano es inevitablemente especulativo, dado que carecemos de fundamento epistemológico en el que basarlo. La fragmentariedad se refiere al énfasis posmoderno en lo local y situado, en lugar de en lo general y totalizador. El constructivismo está ligado a la ausencia de fundamentos y se refiere a la noción de que el conocimiento humano no es un reflejo de la realidad, sino una construcción erigida a partir de los procesos cognitivos, emocionales y corporales de interacción con el mundo.
El paso de una concepción del conocimiento y la verdad moderna a otra posmoderna lleva a una reevaluación del papel de la investigación en psicoterapia. La investigación no se ve como el descubrimiento de una realidad objetiva, sino como una co-construcción interactiva del tema investigado.

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